SER FRANCISCANO


¿Crees que Dios te llama a ser franciscano? No te quedes con la duda. ¡Ven a visitarnos! Jesucristo sigue llamando a jóvenes valientes y confiados para hacer de ellos apóstoles suyos, permaneciendo así viva la misión de la Iglesia y el don del Evangelio al mundo. Si estás sintiendo su llamada, pon tus ojos en Él. Dale gracias por esta muestra de predilección que tiene contigo y pronuncia un sí valiente y confiado. ¡No estás solo! Él camina contigo y no te abandonará jamás. Y también otros muchos que se han fiado como tú...

En la cultura de lo provisional, de lo relativo, muchos predican que lo importante es disfrutar el momento, que no vale comprometerse para toda la vida, hacer opciones definitivas, porque no se sabe lo que pasará el día de mañana...

Sin embargo, lo realmente moderno y actual, ¡lo que tiene futuro!, ha sido y sigue siendo ir contracorriente, asumir responsabilidades, hacer opciones fuertes por Cristo, por el Evangelio, por la Iglesia, por los que no tienen quien les defienda... para demostrar al mundo que aún hoy es posible ser fieles hasta el final, que amar de verdad y sin tantos "peros" llena de alegría el corazón y que ser generosos con Dios y con los demás no te hace perder nada, sino, más bien, encontrar una riqueza de vida que dará sentido a toda tu existencia.

La vocación no es fruto de ningún proyecto humano o de una hábil estrategia organizativa. Es una realidad mucho más honda, ¡es un don de Dios!, una iniciativa misteriosa del Señor, que entra en la vida de una persona cautivándola con la belleza de su amor, despertando en ella una entrega total y definitiva a ese mismo amor.

Pregunta al Señor: ¿Qué quieres que haga? ¿Qué camino he de seguir? Y Él te lo hará ver... ¡No lo dudes! Y si es la vida franciscana, ¡ponte en contacto con nosotros!


granollers@pazybien.org
Telf.: 938497630

Y NO OLVIDES...

Que quieres entregarte por completo a Dios. Desde ahora no te pertenecen tus ilusiones, tu vida, tus comodidades, el amor, la compañía, el honor, el dinero, la gloria, la fama. Siempre que vayas detrás de ello te irás apartando de tu vocación.

Que la vocación, la llamada de Dios, no se pierde pero puedes dejar que se enfríe, si diariamente no eres fiel a tu encuentro con Cristo, fiel por encima de todas las dificultades y obstáculos.

 
Que las dificultades y sufrimientos son inherentes a tu vocación. De ahora en adelante cuenta con ellos. Cuenta con los ratos de aburrimiento, con tus soledades, con la incomprensión de los demás, con la cruz... Los sufrimientos suelen venir por donde menos lo esperamos.
 
Que la perfección no es de este mundo. No existe la Iglesia perfecta, el sacerdote perfecto, la comunidad religiosa perfecta, la parroquia perfecta... ¡Todo eso existe sólo en tu cabeza!

Que el desánimo es la tentación de abandonar lo grande. No te desanimes cuando te veas incapaz de salvar el mundo, cuando veas la posible dejadez de algunos consagrados a Dios, cuando te sientas un poco solo, cuando observes a tu alrededor la indiferencia de los que debían ser mejores.
 
Que sin vida de oración, de unión con Dios, pronto estarás más cerca del "mundo" que del "cielo" y entonces no vale la pena tu sacrificio de hoy.
 
Que una tentación constante en tu vida va a ser la de querer recuperar, poco a poco, lo que estás a punto de dejar. Y un consagrado a Dios no puede ser un triste solterón forzado a serlo.

No olvides nunca, que la felicidad en tu vocación está en relación directa con tu entrega total, humilde, sincera, confiada.